Lanzada en San Francisco en 2005 por el cocinero Jessica Prentice, los locavores decidieron entonces aprovisionarse en las huertas situadas en un perímetro de 160 km respecto a sus domicilios.

 Sin aviones en el horizonte

Las ventajas de este nuevo tipo de consumo son numerosas. En primer lugar a nivel ecológico, ya que la contaminación consecuencia del transporte se reduce al máximo: sin aviones en el horizonte. Además, permite respetar las estaciones lo que significa que se acabaron los tomates y las fresas a finales de diciembre. Esta proximidad reduce el número de intermediarios, y por lo tanto el precio de los productos. Por otra parte, la rapidez en el reparto garantiza una mayor frescura y con ello una mejor calidad gustativa. Erwan Humbert, de 36 años y habitante de Puteaux es uno de los pioneros. “Lo que me interesa es tener productos frescos en un circuito corto” afirma en la revista  Paris Obs y añade « y tengo también en cuenta la eficacia económica y ecológica».

  Descubrir las verduras olvidadas

¿Pero dónde se aprovisionan los locavores parisinos? Un buen número sigue la pista del agricultor Joël Thiebault, que sirve a numerosos mercados parisinos, sobre todo el situado en el distrito 16, concretamente en la avenida Président Wilson. Propietario de 22 hectáreas en Carrière-sur-Seine en  Yvelines, región parisina, es uno de los líderes en el consumo local y en la recuperación de verduras olvidadas como el tomate andino o la blette multicolor.  En conclusión, si no puedes ir a la huerta, deja que la huerta venga a ti.

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Fotografia : Philipp Capper/FlickR

Traducción al español : Isabel Aspe Montoya

Johara BOUKABOUS